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“ El aparato pionero del cine hablado en las Américas”


Este testimonio, único en el mundo,
del primer aparato del cine hablado
es puesto a la venta por la casa Rouillac,
el próximo siete de junio de 2015,
en el castillo de Artigny.

Su historia es única y su origen se encuentra perfectamente documentado.  Se trata no sólo del aparato más sofisticado de entre los que se conservan al día de hoy en colecciones públicas y privadas (Arts et Métiers, Cinémathèque francaise, Eastman House), sino que sobre todo se trata del único que se sepa que se conserva en su integralidad, con todos sus accesorios, incluso los más pequeños.  Viene acompañado, igualmente, de algunas películas que en su tiempo rodó.

                           El aparato tiene permiso del gobierno de la República Francesa para salir del territorio francés.


Algunas películas reproducidas con el cronomegáfono gaumont de charles proust


Carmen, El torero

El Angelus de la mar

La leyenda del Rey Gambrinus

La verbena de la paloma



Cronomegáfono Gaumont, modelo automático n°11-005, 1912

 

 El cronomegáfono Gaumont de Charles Proust, n°11-005

 

Descripción


El cronomegáfono, un invento de la firma cinematográfica Gaumont, apareció en 1906. Se trata del aparato de reproducción de películas más sofisticado de la época.


El cronomegáfono es un aparato compuesto de un proyector y un gramófono que trabajan simultáneamente, y que con la ayuda de una bomba de aire comprimido produce un sonido capaz de alcanzar a cuatro mil espectadores.


Gracias a la invención del cronomegáfono su pudo por primera vez en la historia grabar y reproducir películas sin la necesidad de grabar voces por un lado e imágenes por el otro. Con este aparato la sincronización entre ambos componentes es perfecta.


Es el aparato pionero del cine hablado en Iberoamérica.

 

Historia


Luego de una exitosa carrera como constructor de fábricas en Santa Rosalía, Baja California, Charles Proust se enteró de la invención del cronomegáfono y decidió volver a su país para obtener un ejemplar.


El señor Proust regresó a México con el invento, y a inicios de 1912 reprodujo la primera película con él: La leyenda del rey Gambrinus, una canción popular en la que se hace una apología de la cerveza.


Desafortunadamente, con las complicaciones derivadas de la continuación de la guerra de 1910, Charles Proust optó por renunciar a su proyecto mexicano y el día 30 de septiembre de 1912 partió para Cuba, donde realizó algunas representaciones, hasta que entró en problemas con el Estado y un competidor local que reproducía películas mudas. De ahí fue a Costa Rica, lugar en el que se presentó por última vez antes de volver a Francia definitivamente.

 

Relevancia de este aparato en lo particular


Según una carta suscrita por Léon Gaumont en 1938, la empresa fabricó tan sólo cincuenta ejemplares del invento. Hoy se tienen identificados dos en Francia, algunos otros en los Estados Unidos y el Canadá, así como en la India y en Australia, además del que adquirió en su momento Su Majestad la Reina de Inglaterra. No se tiene noticia de la existencia de más de quince aparatos de este tipo hoy en día.


Esta máquina en lo concreto (número de serie 11-005) es efectivamente la misma que adquirió el señor Proust en 1912 para su proyecto mexicano. Toda la documentación histórica correspondiente se encuentra disponible.


Nuestro cronomegáfono es el único de cuya integralidad se tiene conocimiento. El aparato y sus componentes se encuentran guardados en sus cuatro cajas de madera originales.  Junto con él se conservan, además, varias cintas que el señor Proust compró a los Gaumont, incluyendo la primera que pasó en México.


La procedencia del cronomegáfono está cabalmente documentada desde el momento en que el señor Proust lo adquirió hasta el día de hoy. Toda la información se conserva dentro de la colección de su descendencia en Francia.

 

Información adicional


El señor Proust debía inicialmente viajar en el Titanic vía Nueva York; sin embargo, de última hora recibió una carta de su hermano pidiéndole que llegase a México lo más pronto posible. Por esta razón, Proust cambió su viaje para llegar a puerto mexicano vía La Habana, evitando así participar en el fatídico suceso.

 

Para obtener el aparato, el señor Proust debió pagar la considerable suma de 8 330 80 francos oro (con la debida actualización, esto equivaldría hoy a un poco más de dos millones de euros). La factura existe y está en posesión de los herederos.


La Casa de Subastas Rouillac cuenta con todas las autorizaciones del gobierno de la República Francesa para que el cronomegáfono pueda salir legalmente del país.


                                           Descargar la presentación en castellano


JOYA SONORA CINEMATOGRÀFICA VA A SUBASTA

Domingo 17 de mayo 2015

Excélsior, Mexico, por Luis Carlos Sánchez


El 7 de junio es el día fijado para subastar en Francia un aparato que introdujo en América, vía México, el cine hablado


CIUDAD DE MÉXICO, 17 de mayo.- Aquella tarde de 1912, la gente en la sala comenzaba a inquietarse. “¡Estos franceses nos han tomado el pelo!”, decían ya algunos de los invitados que acudieron con la promesa de presenciar un prodigio de la tecnología. Un francés de nombre Charles Proust había tapizado la ciudad con carteles en los que anunciaba el “Gran debut del Cronofono Gaumont”, el primer aparato en el mundo que permitía la maravilla del cine sonoro.

La función de Proust se había retrasado porque no tenía contemplada la divergencia entre las corrientes eléctricas de Europa y las que entonces existían en la Ciudad de México. Hábil, el empresario que había hecho fortuna en Santa Rosalía, California, construyendo fábricas, improvisó la adaptación de una bobina con la que finalmente pudo echar a andar el aparato.

La función fue todo un éxito. La proyección de El Rey Gambrinus, una película “en colores” de poco más de dos minutos y medio, en donde el señor Imbert de la Ópera de París aparece cantando una canción medieval en la que hace apología de la cerveza, se había convertido en la primera producción sonora proyectada en toda América. El público pasó de la desesperación al asombro, de la desilusión a la admiración y estalló en una ovación. El cine sonoro había irrumpido en el nuevo continente.

“Es algo que no se sabe, pero México fue la puerta de entrada, no Estados Unidos, del cine hablado en el continente”, dice el escritor y promotor cultural Diego de Ybarra, quien trabaja en París para la casa subastadora Rouillac, que el próximo 7 de junio sacará a remate la misma máquina (con número de serie 11-005) que Proust trajo a México en 1912 y que representa una de las páginas más significativas de la cinematografía tanto a nivel nacional como continental.

“El hecho de que de pronto aparezca un aparato de este tipo, en un momento en el que se dice que el cine mexicano vive un gran periodo, es para que el gobierno se sensibilice y piense en adquirirlo para un museo y establecer una sala donde exhibirlo”, opina. Antes de establecerse en París para participar en la organización de la almoneda, De Ybarra ha buscado llamar la atención de instituciones como la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM o la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, pero nadie parece interesado.

Sinuoso camino

La llegada a México del cronomegáfono en 1912 ya había sorteado una primera prueba. Originalmente Charles Proust tenía planeado viajar al país a bordo del Titanic vía Nueva York. Una carta de su hermano, donde le pedía viajar lo antes posible, le obligó a cambiar su ruta para llegar vía La Habana. El enorme aparato que viajaba dentro de tres cajas, y su propietario se habían salvado de frustrar su misión en el hundimiento del famoso trasatlántico británico.

Proust traía junto con el proyector una colección de películas que había adquirido a la productora Gaumont, la misma fabricante del aparato. En los carteles que anunciaban las proyecciones, el empresario afirmaba “El cinematógrafo unido a la palabra. Claridad y fijeza en la proyección, Ilusión completa, la ciencia y el arte unidos”. Tras su éxito en la primera función, Proust también proyectó cintas como La verbena de la paloma, Angelus del mar o Canción para Juanito.

La producción de películas, sin embargo, era escasa y pronto los espectadores habían visto todo el material disponible. Fue entonces cuando el francés decidió recorrer diferentes ciudades del país ofreciendo proyecciones. Pero las cosas no pintaban bien en México, la Revolución comenzaba a subir de intensidad y cada vez era más difícil llevar a cabo las proyecciones. Proust decidió irse a Cuba el 30 de septiembre de 1912, donde llegó a proyectar algunas películas, pero el celo de un empresario de cine mudo, al que protegía su gobierno, lo obligó a partir.

Cansado y con el bolsillo cada vez más mermado, Proust se va a San José, Costa Rica, donde el cronomegáfono no tenía éxito.Desilusionado y sin posibilidades de retornar a México, decide regresar a su patria. Desde aquellos primeros años del siglo XX, su prodigio tecnológico quedó silenciado. Sólo ahora, un siglo después, su sobrino decidió sacarlo nuevamente a la luz para ser subastado.

Léon Gaumont, la empresa fabricante sólo elaboró 50 unidades del invento. Dos de ellos se conservan en Francia, otros en Estados Unidos y Canadá, así como en India y Australia.

El que será rematado es el único en el mundo que se conserva con todos sus componentes y materiales históricos. Para obtener el aparato, el señor Proust pagó ocho millones 330 mil francos oro (lo que equivaldría hoy a unos dos millones de euros). En la subasta del 7 de junio próximo se ofrecerá con un precio de salida de un millón de euros.

Junto con pósters originales, recortes de periódicos, imágenes de época e incluso la factura original, el cronomegáfono será subastado en el Castillo de Artigny, cerca de París, junto con otras piezas como un sillón de madera en el que se sentó Napoleón para firmar un acuerdo con la Iglesia o la maqueta hecha para una escultura ecuestre de Luis XIV y otras maravillas.

De Ybara piensa que “sería muy miope de nuestra parte que en un momento en que estamos en boga en el cine y se presente esta oportunidad de recuperar un pedazo de historia, se haga caso omiso de ell estamos hablando del inicio del cine hablado en el país y en el continente”.

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