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BARGUEÑO NANBAN




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BARGUEÑO NANBAN


Armario Nanban rectangular, consolidado sobre una estructura de madera y decorado a la laca, con incrustaciones de nácar en todos los costados.  Se abre al frente en diecinueve cajones de distintas medidas, en seis filas.  Cada cajón está decorado, al centro, con laca incrustada de piel de zapa en marcos de bordes dorados y piezas de nácar.  Las molduras de los marcos exteriores están realzadas en entrelazamientos dorados.  La estructura que sostiene los cajones está decorada con frisos representando follaje, incrustado éste a su vez con nácar y realzado en oro.  El cajón central, que tiene una cerradura, adopta una fachada arquitectónica.  El arco central descansa sobre dos cuartos de columnas.  Los lados están centrados por un abanico.  Dos registros representan,sobre un fondo negro, plantas y una pareja de bueyes, por un lado, y por el otro un pez y dos liebres.

Estos páneles, como el frontal, están enmarcados por frisos geométricos incrustados con piezas de nácar y floretes dorados.  Este mueble está provisto de dos manijas hechas de hierro pintado, y en cada una de sus esquinas es posible apreciar ornamentaciones en latón cincelado. 

Japón, periodo Monoyama (1573-1603); siglos XVI y XVII.

Medidas:

Altura: 25.3 cms.  Longitud: 35.2 cms.  Profundidad: 20.8 cms.

Procedencia:

La colección del cineasta René Clément (1913-1996), Mónaco.

Los portugueses y los españoles descubrieron en tan deseado mercado de Xipangu en el siglo XVI.  Era precisamente ahí que la laca más impresionante era producida.  Los japoneses, al momento en medio de una guerra civil, llamaban a estos europeos Nanban, que significa “bárbaros del sur”, y fue por ello que bautizaron de la misma manera al mobiliario adornado con la laca que ellos tanto ambicionaban.  Si este mueble se puede derivar en un bargueño ibérico, la técnica para la inserción de nácar en toda su superficie viene de Gujarat, en India; la técnica de “peau-de-raie” viene de Siam y el trabajo de herrería fue imaginado en Europa.  Son los japoneses, claro, quienes contribuyen con la antiquísima técnica de la laca. Los clientes finales se encuentran en todo el mundo: el Emperador Chino, la Corte Mongólica, la aristocracia europea y los riquísimos descendientes de los conquistadores del Nuevo Mundo. 

Es éste, pues, un buen testimonio de la globalización de la industria del lujo.  Nuestro bargueño puede encontrar similitudes con algunas piezas reproducidas en “Japanese Export Lacquer”, 1580 to 1850, O. Impey and C. Jorg, Hotel Publishing, Amsterdam, 2005, páginas 122 a 128.