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RARÍSIMO SAN PEDRO DE MARFIL



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SAN PEDRO DE MARFIL INSPIRADO EN ZURBARÁN

Rara pieza de marfil tallada y policromada.

Trabajo colonialhispano-filipino, siglos XVII – XVIII.

Medidas:

Altura: 22. Longitud: 20 cm.

Este marfil es un ejemplo extraordinario de la calidad del trabajo de los artesanos asiáticos para los mercados americano y europeo.  Permaneció en la colección de una vieja familia mexicana de origen español, desde su solicitud hasta los inicios del siglo XXI.  El gusto de la aristocracia novohispana, los hombres de estado y el Clero en las ciudades de México, Guadalajara y Puebla, suscitó el desarrollo de la producción asiática de marfiles y porcelanas.  Durante el Virreinato, la Nao de China, o galeón de Manila a Acapulco, ligaba las Filipinas, islas bajo dominación española, con el Virreinato de la Nueva España. 110 galeones se hicieron a la mar entre 1565 y 1815.  Más de mil pasajeros participaban cada vez en el viaje, gracias al cual los tesoros de Asia llegaban después a su destino final en la Península Ibérica.


Francisco de Zurbarán.  La aparición de
San Pedro a San Pedro Nolasco.  
Museo del Prado, Madrid.

La iconografía de nuestra crucifixión es por demás particular y rara para un marfil.  No se trata de un Cristo, como uno podría creer, sino de San Pedro, crucificado boca abajo por propia voluntad, puesto que no se sentía digno de ser martirizado de la misma forma que Jesucristo.  Se puede apreciar que su perizonuim no cuelga hacia los pies, como es el caso de los paños que encontramos atados a la cintura en las representaciones crísticas, sino hacia la cabeza, indicando así el martirio del apóstol.  “La aparición de San Pedro a San Pedro Nolasco”, que Francisco de Zurbarán pintara en 1629 (Museo del Prado, Madrid), es una de las obras maestras del Barroco Español.  San Pedro Nolasco se arrodilla ante la figura atormentada, boca abajo, del apóstol fundador de la Iglesia de Roma.  Es probable que nuestro rarísimo marfil haya encontrado ahí su inspiración, y haya sido fabricado a solicitud de algún notable llamado Pedro, o Pedro Pablo, cuya fiesta se celebra el 29 de junio.

Diego de Ybarra-Corcuera